Por Redacción Guía Coyoacán
Coyoacán, CDMX – Octubre 2025
En el centro de Coyoacán, entre el bullicio de los cafés, los árboles centenarios y las risas de turistas, se levanta uno de los templos más antiguos y emblemáticos de la Ciudad de México: la Parroquia de San Juan Bautista, una joya arquitectónica del siglo XVI que ha resistido sismos, guerras y transformaciones urbanas sin perder su papel como punto de encuentro para la comunidad.
Un templo con casi cinco siglos de historia
Construida entre 1522 y 1552 por frailes franciscanos sobre terrenos donados por Hernán Cortés, la iglesia fue uno de los primeros conjuntos religiosos de la Nueva España. Su fachada sobria esconde un interior barroco con retablos de madera de cedro y frescos que narran la profunda devoción del pueblo coyoacanense.
A lo largo de los siglos, el templo ha sufrido múltiples remodelaciones. El atrio, antes amplio y lleno de jardines, se redujo para abrir paso al tranvía y más tarde a los automóviles. Los sismos, especialmente el de 2017, dañaron la estructura, derribaron la cruz del campanario y recordaron la fragilidad del patrimonio histórico ante el paso del tiempo.
Memoria y leyendas que siguen vivas
Entre sus muros se guarda la historia de María de la Luz Cirenia Camacho González, una joven que perdió la vida durante un episodio de violencia anticlerical en 1934 y cuyos restos descansan en el templo.
También se cuentan leyendas populares, como la del “hermano lego”, un fraile humilde que, sin saber leer ni escribir, ofrecía flores milagrosas en el altar, o la aparente aparición de la Virgen de Guadalupe en una pared cercana al Jardín Hidalgo. Historias que, más allá del mito, reafirman el papel del templo como un símbolo espiritual y cultural de Coyoacán.
Entre el turismo y la vida cotidiana
Hoy, la parroquia de San Juan Bautista se enfrenta a nuevos desafíos: la presión del turismo, el deterioro urbano y la falta de recursos para la restauración. En 2024, la alcaldía de Coyoacán anunció trabajos de rehabilitación en el centro histórico, incluyendo el atrio, los arcos y el kiosco del Jardín Hidalgo, con el propósito de “recuperar el resplandor” de este conjunto patrimonial.
Sin embargo, vecinos y visitantes coinciden en que conservar este espacio no solo requiere inversión pública, sino también participación ciudadana. Mantener viva la esencia de Coyoacán implica cuidar no solo sus piedras y frescos, sino también la convivencia, la historia compartida y el equilibrio entre la vida local y el turismo.
Un llamado a mirar más allá del templo
San Juan Bautista es mucho más que una postal: es un reflejo de la identidad coyoacanense, donde la tradición y la modernidad se encuentran cada día. Quien cruza su puerta no solo entra a una iglesia, sino a cinco siglos de historia, fe y resistencia comunitaria.
Porque en Coyoacán, la historia no se visita, se vive


